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¿De qué sirve un templo lleno sí es indiferente ante los marginados?

¿Cuál es verdaderamente el efecto medible para nuestras comunidades y países, nuestros cultos y parroquias llenas de personas en términos de transformación?

Veamos y analicemos estos números. Sí en mi país somos aproximadamente cuatro mil iglesias y cada una tiene 2 reuniones a la semana, serían 8000 ‘cultos.’

Si lo multiplicamos por mes, nos daría un total de 32,000 cultos y si ésta cifra la llevamos anualmente, daría alrededor de 384,000 cultos anuales.

Si decimos que tenemos como 50 años de estar presentes en el país como representatividad evangélica, y multiplicamos esos miles de cultos no por 50, sino por 20 años, nos daría un total de 7,680,000 celebraciones impartidas hasta el día de hoy. Estos números sin contemplar los miles de templos católicos que aglomeran un alto porcentaje de la población costarricense.

Le invito a que haga sus matemáticas para sus países y sorpréndase.

Aquí es donde surge la pregunta ¿Cuál ha sido el efecto de esta cantidad de cultos y misas en la sociedad costarricense?

Asumiendo el reproche y crítica de muchos, diría que es imposible medir los cambios sociales. Estamos peor que nunca. Cada día mí país se hunde más en la depravación moral, en la inseguridad ciudadana, en la violencia, en la trata de blanca, en la venta consumo y trasiego de droga y sobre todo eso, la doble moral de los líderes religiosos y políticos.

Países en el istmo centroamericano tienen porcentajes muy altos dentro de su población incluyendo a presidentes, que se dicen ser ‘cristianos’. Sin embargo, esos países son los más corruptos del mundo, y hacen alarde de tener las más grandes e influyentes megas iglesias del continente.

Con este sencillo análisis queda demostrado que la liturgia(culto) no cambia la sociedad.

Que las jornadas de sensacionalismo, barriles de aceite lanzados desde helicópteros, que los estadios llenos y parqueos abarrotados, más bien han creado una brecha de indiferencia entre esos lugares mágicos de reunión, y las comunidades marginadas.

¿Meter gente a templos fue realmente lo que Jesús esperaba cuando pensó en la iglesia - eklessia -en ¨los de afuera”?

Los cultos y misas no han estado funcionando sino para la edificación de consumidores que en su mayoría viven la fe dentro de su salero: ‘templo” los fines de semana.

Les recuerdo el capítulo dos de Marcos sus primeros versiculos hasta el cinco, El milagro del paralítico. La casa estaba llena de gente y únicamente cuatro que nadie sabe cómo se llaman, son quienes hacen la gestión milagrosamente-evangelizadora de llevarlo ante el Maestro. Irónicamente se supone que quienes estaban en la casa escuchando a Jesús debían haber sido los más indicados en hacer esa misión, demandada por su mensaje de compasión.

Hoy en día, lo que más de un pastor anhela, es que se llene su templo porque si está lleno, es sinónimo de éxito, reconocimiento y legitimación. Pero, ¿En que benefició al paralítico, que la casa donde estaba Jesús estuviera llena? — en nada le ayudó Estoy seguro que muchos de los que estaban en la casa conocían al paralítico, pero sus ansias de absorber un discurso, más con el fin de cuestionar y murmurar les fue la razón suficiente para que lo ignoraran

Quienes no estaban en la casa, aquellos que quizá no habían escuchado las enseñanzas de Jesús, fueron los que se accionaron en misericordia. Tenían la certeza que sí Jesús estaba allí, el paralítico tenía esperanza. Al final, el milagro se hizo posible por la fe de los cuatro.

Hoy tenemos muchos templos llenos de gente incorrecta y motivaciones equivocadas. Tenemos menos personas que estén dispuestas a salir y llevar el mensaje de la cruz a sus barrios, trabajos, centros de estudio y comunidad.

Las estrategias de igle-crecimiento tienen como fin, meter gente al templo porque templos llenos es sinónimo de éxito o respaldo.

Las iglesias invierten millones en crear ambientes cómodos, confortables, donde la gente ame estar, y para eso en algunos escenarios evangélicos, se flexibiliza el mensaje de la cruz para tener mucha gente.

Todo lo anterior ha dado como efecto, edificios llenos de consumidores de prédicas que exigen calidad y buenos espectáculos, donde las emociones se aviven y llenen de sensacionalismo. Pero, terminado el evento todos vuelven a casa a vivir sus vidas, en su gran mayoría, con una abundancia de indiferencia. ¿Realmente fue éste el plan magistral de Jesús al demandar de sus seguidores la práctica de sus mensajes?

La iglesia del primer siglo no nació en templos: nació en casas y su influencia fue asombrosa.

Quienes tenemos lugares de reunión (templos) somos responsables de agitar e incomodar a cada asistente a ver el congregarse, como la continuación de su servicio ante las necesidades de su comunidad.

¿De qué le sirve a una comunidad tener un edificio lleno una o dos veces a la semana, si todo ese destello de energía, unción y avivamiento es un privilegio para los que están dentro, donde nada o muy poco de lo que se genera internamente, es para invertir en los necesitados?

La salvación no se relaciona principalmente con meter gente al templo y luego mandarlos al cielo; no. De hecho, la redención se enlaza directamente con el perdón de nuestros pecados, con el empoderamiento del Espíritu Santo, y el acompañamiento interiorizado de la palabra de Dios, que nos faculta para ir a los lugares donde el pecado ha marginado y dejado sus huellas.

Por lo tanto, los templos no son lugares exclusivos de santos, salvados, ni redimidos. Son lugares donde somos entrenados para salir y llevar las buenas nuevas de la redención de la creación entera en Cristo Jesús.

Jesús dijo a los fariseos: ¨Ustedes recorren mar y tierra para hacer un prosélito y cuando lo tienen, lo hacen más hijo del infierno de lo que era antes…¨ Esto es brutal, pero es verdad. Antes de conocer a Cristo, todos eran buenos vecinos, solidarios. Sin embargo, hoy algunas iglesias les han prohibido a sus miembros prestar servicio a la comunidad y ayudar a los pobres, castrando su facultad de servir. ¿De qué sirve tener templos llenos si en la calle los paralíticos y necesitados caminan sin esperanza?

Ya basta de tanta indiferencia. Es hora de sacar a los cristianos de su zona de comodidad para que salgan de sus templos y sirvan en sus comunidades.

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