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¡He pecado!

Una lectura práctica de los procedimientos ante los pecados publicos, tratos despiadados y lejanos del ejemplo de Jesús.

He caído, he fallado a todos, mis actos han puesto en riesgo todo por lo que he trabajado y sobre todo lo que amo, no queda nada más que enfrentar las implicaciones de mi falta de integridad, la cual será el banquete de quienes esperaban ese momento para sacar su mejor versión de jueces y dioses.

En una sala fría y oscura me esperan a quienes les debo rendir cuentas, entro y saludo tímidamente – buenas noches— la respuesta del hombre de tez fruncida rebota en mi --pase adelante, siéntese por favor--

No puedo ni ver a nadie fijamente, mi mirada recorrió a todos mientras tomaba mi asiento , a mi izquierda se encuentra el matrimonio Perez que unos años atrás ayudé cuando la infidelidad les golpeó, luego de la confesión de la esposa, logramos ayudarlos, nunca nadie se enteró de nada, como me alegra verles bien.

—Saludos— ¿quieres un vaso de agua? Me pregunta Mario

--Si por favor--- respondí

Marito, ¡Cómo olvidar tu historia! no dejo de pensar la madrugada en que me llamaste para que fuera donde te encontrabas, llorando, atentabas contra tu vida, después de que la empresa para la cual trabajabas detecto el fraude que les habías hecho, amenazaban con meterte en la cárcel. ¡Qué noche esa! Lloramos juntos y gracias a Dios se logró solucionar todo, lo mejor nadie nunca se enteró.

“Gracias por venir” me vuelven a decir.

Quien dirige la reunión es la Señora Andrea, que tiene una historia interesante, llena de milagros de gracia, le dimos una casita y trabajó para que saliera del estilo de vida que llevaba por años, que bueno es verla muy bien, parece que esos tiempos nunca fueron parte de ella.

--Le hemos citado para pedirle cuentas de sus actos, según las pruebas que tenemos, no podrá seguir ejerciendo sus funciones, además, debemos elevar todo a la asamblea, familia y como también comprenderá, todas sus conexiones para que puedan saber lo que sucedió, debe pagar las consecuencias de todos sus actos con toda la dureza que ameritan-

Lagrimas salpican mis zapatos, mirada en el piso, un vacío en el estómago me deja sin aliento

--- ¿Tiene algo que decir? — Me pregunta Andrea

--¿Qué responder, qué decir que me libere de todo? no hay nada que decir en mi defensa, soy culpable, quedo al margen de su perdón, misericordia y gracia— respondí.

--Lo que pide no es posible, eso solo Dios puede dárselo, nosotros estamos aquí para corregir lo que está mal y sobre todo su caída—acotó Mario — nuestro proceder debe ser rígido, no podemos ser misericordiosos, dejar de lado el castigo correctivo puede abrir oportunidades para que otros pidan lo mismo, de verdad lo sentimos mucho—

Logré levantar la mirada para ver a cada uno de quienes estaban allí, a todos conocía muy bien, podía externar tantas cosas de sus ayeres, pero esa noche lluviosa y fría, no era para celebrar los milagros en sus vidas de los cuales fui parte, ¡No! esa noche era para juzgarme y castigarme.

Cuando la noche terminó, uno a uno salió, manos frías en mi hombro fueron el único toque humano que recibí, tirado en el piso de la culpa, lleno de temor y deseos de morir. La verdad no esperaba que me alcahuetearan, en absoluto, solo esperaba gracia y la promesa de que me acompañarían en todo lo que vendría, algo que no pasó.

Desde el piso de la culpa no se goza de nada que no sea vergüenza, dolor, preguntas y sobre todo, las consecuencias de los actos cometidos con la sinfonía de las acusaciones y el sonar de los dedos señaladores de aquellos que hacen de ese tiempo una verdadera carnicería. Solamente quien se ha sentido culpable entenderá la cruda realidad que se vive en las jornadas de lágrimas amargas en las noches, de los temores que genera un nuevo amanecer, porque no sabrás a quien te encontraras en la calle y peor, que te dirán, la vida de desgracia, dolor, angustia y desesperación son el pan y el agua de quien ha fallado.

¿Quién acompaña al caído, quién venda sus heridas, quién le escucha, quién le ayuda a levantarse, quién le dará una oportunidad más, quién le retribuirá la gracia que a alguien dio? El culpable merece que sufra, que lo pierda todo para ver si aprende la lección, ese es el dictamen de la mayoría. Las victimas del culpable por lo general reciben la ayuda respectiva, el consuelo oportuno, la sanidad de sus heridas y todos los abrazos llenos de empatía que necesita.

Muchos de quienes aplican ese castigo sin piedad, fueron los mismos que en un tiempo estuvieron en el mismo piso de la culpa, en el fango de las consecuencias pero que, olvidaron rápido la ayuda que alguien más les brindó. Cómo cuesta aplicar la gracia, perdón, ayuda y favor que alguien más nos dio cuando no la merecíamos. El estar bien faculta a la falta de memoria y mucho más la humanización con el caído.

Para Jesús el culpable es su mejor invitado, es a quien sirve, a quien lava sus pies, unge con su ungüento, le da vestiduras blancas, a quien coloca anillo en su dedo, por quien hace fiesta, prepara un banquete, lo cual no significa que celebra su pecado, todo lo contrario, le acompaña y restaura no desde la acusación, sino desde el perdón. Son innumerables los ejemplos en su peregrinaje que dejan ver su pasión por los culpables. Ejemplos muchos les dejo este,Juan 8:11 Ni yo te condeno..!!

Pocas veces se dedican escritos en honor al culpable, a quien defraudo, falto, peco, cayo, porque la sociedad vive de ideales, de supuestos, todos basados en las altas moralidades y espiritualidades que la religión u otros espectros exigen dando como margen la exigencia de hacer grandes ponencias escritas o pronunciadas de los grandes e impecables que logran trascender desde un estilo de vida ejemplar.

La próxima vez que encuentres a un culpable, quien merece todo el peso del castigo, recuerda por un momento tus días de fracasado, cuando hiciste lo que afirmabas, nunca harías, que heriste a tu gente amada, pero que alguien estuvo a tu lado para ser tu bastión y apoyo en todo lo que el proceso de restauración tardo, si esto haces lograrás ver a aquel que tirado en el piso de la culpa, como un par contigo, que estás invitado a practicar la misma misericordia que contigo ya tuvieron.

Además, de la misma que tratas seras tratado.

Deja tus observaciones. Gracias por leerme.

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