Iglesias y Organizaciones No Gubernamentales Cristianas: ¿Trasnacionales del mercadeo espiritual?



Cambiar espejos por piedras de oro fue una de las muchas formas en las que los españoles saquearon las riquezas de los pueblos indígenas en los tiempos de la conquista. A partir de esta época la práctica se hizo muy común y, lamentablemente, aún en nuestros días,

se utiliza con métodos variados y novedosos.

Hace aproximadamente dos siglos llegaron las misiones norteamericanas a nuestra América Latina, con su forma particular de evangelizar y canjear la fe. Se ofreció el perdón de los pecados, el nuevo nacimiento espiritual y las puertas del cielo, con tan solo ser parte de una iglesia en particular.


Una de las formas de estructurar ese colonialismo moderno fue la creación de las distintas denominaciones protestantes históricas, y luego las pentecostales. Hoy, el movimiento neo pentecostal utiliza un nuevo lenguaje: se habla de paternidad, cobertura espiritual y autoridad apostólica, donde los aspectos tanto legales como espirituales, los bienes e inmuebles, quedan subordinados a la autoridad única del apóstol o pastor. En muchos casos, se demandan cuotas y porcentajes económicos aportados por las afiliadas y sus dirigentes. Se crea una dinámica transaccional, cuyo valor agregado consiste en la colocación de un rótulo con el nombre y la marca de la denominación en el edificio o templo que, en muchos casos, la iglesia local construyó con mucho esfuerzo.


Recuerdo mis tiempos como gerente en la multinacional Coca-Cola, era el encargado de manejar el departamento de eventos especiales y marca. Uno de nuestros objetivos consistía en colocar nuestro logo en las paredes de grandes edificios. Hacíamos lo que fuera necesario para lograrlo, desde prometer regalar productos, hielo, enfriadores, publicidad, con tal de que nuestra franquicia dejara ver su poderío y, por supuesto, ganarle a la competencia, la Pepsi-Cola.

¿No nos estará pasando lo mismo en nuestras iglesias, denominaciones y ONG?

Hay muchas ONG cristianas que utilizan un modelo de marca (branding) evangelicalista, algunas de ellas son receptoras de cientos de miles de dólares, o su equivalente en monedas locales. A los donantes les presentan proyectos utópicos como: We Will Change the World, o Vamos a Salvar Miles de Almas, pero que en muchos casos se espiritualiza y nos olvidamos de las personas.


Es cierto que el beneficiario es la iglesia local, donde el pastor ha pedido y esperado por recursos para continuar o ampliar la misión de ayudar a los más necesitados. El pastor mira la llegada de esa ONG como una respuesta a sus oraciones, y prontamente se sumerge en todos los trámites administrativos y financieros. En algunos casos obtiene los anhelados recursos.

Sin embargo, emergen las condiciones, como por ejemplo, la iglesia debe colocar el nombre de la respectiva ONG en todo lo que va a hacer, aunque esa expresión de servicio tenga ya muchos años de ser una realidad sacrificial con sostenimiento propio, producto de las ofrendas de dinero y de tiempo de miembros y voluntarios, pero resulta que ahora la ONG piensa que, por su aporte financiero para un proyecto específico, la iglesia debe pasar a ser parte de su franquicia.


He tenido experiencia con estos modelos, al buscar apoyo para los movimientos que desarrollamos en América Latina, si no pongo el nombre de la ONG o su logo en lugares privilegiados, nunca nos darán un centavo ante esa exigencia o condición. Por esta razón, me

he negado rotundamente. Es la experiencia de cientos de pastores en nuestros países, que terminan siendo empleados de diversas ONG, llenando reportes, hasta maquillando facturas, o incluso exagerando el números de impactados, con tal del ver a la agencia de financiamiento feliz, y consiguiendo donantes mediante el mal uso de esa información con un buen arte de Photoshop.

Estoy consciente de que todo lo que escribo es difícil de digerir, para algunos será una razón más para censurarme, descalificarme, o simplemente ignorarme, pero pregunto:

¿Es mentira todo lo anterior? ¿Existen o no ONG, con esa naturaleza colonialista? ¿Se

convierten algunas denominaciones en estructuras de control y de poder, que dominan a las iglesias pobres y a pastores con escasos recursos?


Debo aclarar que no todas las organizaciones sin fines de lucro, fundaciones cristianas o agencias misioneras son como lo que

describo. Por ejemplo, debo mencionar a dos organizaciones que por años fueron parte de Shalom como socios de misión, quienes nunca nos pidieron hacerles promoción a su marca, todo lo contrario, prefirieron el anonimato y empoderar a la iglesia local. Ellas son la

Iglesia Willow Creek y Del Camino Connections; la Iglesia Presbiteriana PeachTree, única Iglesia socia de EE.UU; la fundación de origen presbiteriano, The Outreach Foundation y nacionalmente CRSC, institución educativa, quienes nos han apoyado sin demandar la colocación de su logo en nada.


¿Será acaso que este colonialismo post-moderno, marketing o branding se basa en la lógica babélica, construir algo para ser reconocidos por todos?

“En ese entonces se hablaba un solo idioma en toda la tierra. Al emigrar al oriente, la gente encontró una llanura en la región de Sinai, y allí se asentaron. Un día se dijeron unos a otros: Vamos a hacer ladrillos, y a cocerlos al fuego. Fue así como usaron ladrillos en vez de piedras, y asfalto en vez de mezcla. Luego dijeron: Construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo. De ese modo nos haremos famosos y evitaremos ser dispersados por toda la tierra”. (Génesis 11:1-9. NVI)


Toda estructura que busque colocar su marca en todo lo que hace, debe hacerse un análisis honesto ante Dios. Por esto, le propongo estas preguntas a manera de reflexión:

¿Cuál es la motivación detrás del deseo de colocar mi marca, mi logo? ¿Qué añade que

todos vean ese nombre? ¿Da eso la gloria y la honra a Dios? ¿A quién mira la gente cuando observan la marca en todo cuanto se hace, a Dios o a la organización? ¿La estructura institucional que presido se convirtió en un fin en sí misma, o es una sirvienta de la misión

eclesiástica que afirman tener? ¿Cómo se sienten los pastores e iglesias con esa cobertura y la exigencia de recursos financieros? ¿Los recursos que los donantes les dieron son de administración absoluta, como para exigir al beneficiario a hacer lo que la institucionalidad

demanda? ¿Será una patrona colonialista la ONG que diriges, que somete a pastores y directores de ministerios eclesiásticos?


Una mañana fría, llegué afanado a decirle a Jessy, mi primera esposa, quien murió hace nueve años, una gran idea que se me había ocurrido: pintar con colores institucionales y dibujar el logo de nuestra iglesia en las 50 casas que habíamos donado a la comunidad. También en las nueve paradas de buses y otros edificios comunales que, prácticamente, habíamos construido con apoyo del pueblo. Insistí que al igual que el diablo, quien pintaba cantinas, prostíbulos y otros antros de pecado, la Iglesia debía dejarse ver. ¿Cómo olvidar ese día?

Jessy, mirándome profundamente guardó silencio, mientras servía dos tazas con sopa. Me dijo: “No tienen sal”. E inmediatamente colocó en uno de los tazones cuatro cucharadas grandes de sal. Ante mi asombro, refuté: “Esto jamás podré comerlo”.

Ella me dijo: “Abre tu boca y prueba la sopa”. Me negué, la sal se veía por todos lados. Jessy me dijo: “Si haces eso, dejar impreso nuestra marca en todos lados, pasará lo mismo que con esta sopa, la gente mirará solo el nombre de la Iglesia, terminarán detestándola

y nunca mirarán a Jesús.

Esto me hizo reflexionar y me arrepentí delante de Dios, porque eso era lo que menos quería, pero mi pasión me estaba traicionando. Son decenas de casas, varios templos y otros edificios construidos y nada tiene nuestro nombre. Aún lucho para erradicar definitivamente este virus del branding y del colonialismo.


En conclusión, sé que es un artículo muy directo, quizás algunos lo consideren muy frontal, pero es una invitación a evaluarnos.

Entiendo que es necesaria una identidad, algo que identifique lo que somos y hacemos. Necesitamos como institución tener valores y un equipo humano que esté alerta, y que nos ayude a no caer en esos esquemas de colonialismo y marketing evangelicaslista. Que todo lo

que somos y hacemos lleve la marca de Cristo, de su reinado y que, si hemos de ser honrados, lo hagamos desde una adherencia absoluta a la cruz de Jesús.

El poder de la sal no radica en grandes cantidades, sino que su poder emana de su invisibilidad.


El Señor volverá a entrar a muchos templos, ONG y denominaciones, volcará las mesas, correrá a los mercaderes de la gracia, quitará los rótulos de franquicias, se colocará como centro absoluto y su cruz será la marca sobre todos y todo.


Tus comentarios son insumos de ánimo y mejoramiento favor déjarlos aquí. Gracias


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