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La Iglesia que no sirve a los pobres, no sirve

La coherencia y espiritualidad de la Iglesia se mide en el servicio a los pobres

Los pobres gritan unas veces desde sus protestas, otras desde el silencio, tanto desde el lejano Tercer Mundo como desde el llamado "Cuarto Mundo", tan cerca de nosotros, en nuestra misma sociedad, en nuestro vecindario, favela, precario, los pobres, los marginados e indigentes nos lanzan un llamado, un grito de socorro y de auxilio. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cómo viven o malviven? Son las grandes preguntas que para muchas Iglesias no existen en sus prácticas litúrgicas.

Puede ser también que lo que no existe para la Iglesia no son las preguntas, sino el compromiso para amar y servir a esas personas pobres.

La Iglesia debe escuchar con oídos sensibles ese grito de los pobres, oyendo en su clamor la voz del Siervo de la Cruz, del Hijo de Dios, que siendo rico se hizo pobre por nosotros. ¿Estará la Iglesia escuchándoles?

La Iglesia escucha a Jesús, pues Él nos envió de la misma forma que el Padre lo envió a Él. (Juan 20:21). O sea, Jesús es el modelo de misión con los pobres. (Lucas 4:18)

Si queremos abrir los ojos sobre el escenario de la pobreza en nuestra comunidad y por ende en el mundo, contemplaremos un panorama desolador en el que cientos de millones de seres humanos viven en la mayor miseria, sometidos a unas condiciones infrahumanas en el campo de la alimentación, la vivienda, la educación, la higiene, la sanidad, etc.

Jesús llamó bienaventurados a los pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos y advirtió que tomaría como hecho a su misma persona lo que hiciéramos con ellos, por cuanto lo hicieron a uno de mis pequeños a mí me lo hicieron. (Mateo 25)

Nadie que use los Evangelios como campo de estudio podría salir de allí sin un apasionado y sensibilizado llamado hacia los más necesitados.

En la espiritualidad de los Evangelios, es central la justicia expresada en el servicio a los pobres. Porque el Reino de Dios no es comida, ni bebida, sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo. (Romanos 14:17)

“Aunque para muchas Iglesias que hoy se consideran Bíblicas y Cristocéntricas, el servir a los pobres y marginados sigue siendo un tema opcional, no fue así en la misión de Jesús. Al inaugurar su discurso en la Sinagoga, Jesús dijo que el Espíritu de Dios lo había ungido para dar buenas nuevas a los pobres, etc.(Lucas 4:18)

Con base en todo lo anterior, el clamor de los desprotegidos, pobres y excluidos, como también la referencia del ejemplo mesiánico de Jesús, la gran mayoría de las Iglesias han invisibilizado la realidad de esta población, con mucha certeza afirmaría que casi lo hacen adrede.

¿Por qué no todas las Iglesias tienen a estas poblaciones vulnerables como parte central de su misión?

¿Por qué, según estadísticas, las Iglesias invierten un 5% en los pobres y 95% en edificios y gastos operativos?

¿De qué sirven los famosos cultos ungidos, eventos masivos con despliegue de palabras proféticas y avivamientos fugases, si las iglesias no vuelven su mirada y acciones a los lisiados socialmente?

Adoración=liturgia y diakonía=servicio- divorciados de la justicia social y es una abominación para Dios.

Si quieres conocer la orientación misional de una Iglesia, mira su flujo de caja, su presupuesto, donde quiera que estén concentrados sus egresos allí está su corazón.

Para algunas iglesias sus mayores esfuerzos de apoyo a los abandonados socialmente son una canasta colocada en unos de los domingos del mes en una esquina donde quienes se acordaron trajeron algunos abarrotes, el resto del mes la Iglesia está orientada a las estrategias para producir materia para que sus consumidores estén felices.

La canasta de la solidaridad mensual debería llamarse mejor: la canasta de su espiritualidad.

La gran mayoría de las Iglesias y sus líderes saben que movilizar recursos a los necesitados es un deber, pero lo omiten voluntariamente porque no quieren sufrir las implicaciones.

No desean comprometer su estabilidad financiera, prefieren engordar cuentas bancarias que hacer tesoros de piedad y justicia. (Santiago 2:5)

- Pastor Roy, tenemos un ahorro de casi un millón de dólares, además este año nos quedaron ochenta mil dólares de excedente del presupuesto destinado a la acción social, palabras del administrador de una mega iglesia, penosamente de Costa Rica.

Me entristece cuando alguien particularmente un pastor me dice, hermano que bien lo que hacen ustedes, ese es su llamado, cada uno tenemos uno diferente. ¿Desde cuándo la misión de servir a los marginados es una cuestión de inclinación de llamado? Es responsabilidad de todos los cristianos, es la expresión máxima de una Iglesia bíblica, espiritual, que se moviliza con su gente como agentes de transformación social.

El llamado de Dios es a “ser” y también a “servir”. La explicación a esto, es que Dios nos llama a ser transformados como nueva creación y también nos da el ministerio como embajadores de Cristo y agentes de reconciliación. (2 Corintios 5: 17-20)

No comprendo cómo Iglesias llaman “acción social” su trabajo en comunidades de pobreza extrema, esas distinciones marginan el mensaje y el ejemplo de Jesús. La acción social es para cualquier organización que no sea iglesia. Para la iglesia no existe ministerio de caridad o de acción social, la iglesia vive encarnadamente en su barrio para proveer vida y luz.

La gran mentira de la gran mayoría, “no tenemos recursos para darle a los pobres”, otros esperan la provisión del norte para hacer algo por los desamparados. La misión de servir y amar inicia con cada uno y con lo que cada uno tiene.

El buen Samaritano vendó las heridas del herido, seguro estoy que él no llevaba consigo un botiquín de primeros auxilios con vendas, no, él rasgó sus vestiduras, le dio su vino y su aceite, como el gran problema de la iglesia de hoy es que no quieren compartir sus recursos, mucho menos rasgar sus sagradas vestiduras para vendar las heridas de los pobres.

Los pobres son mal mercado, sacan y sacan, y nada aportan, palabras de un famoso de la farándula evangélica respondiendo a una pregunta que alguien le hizo.

La Iglesia debe volver sus ojos de manera relevante y constante a los barrios marginales donde logrará encontrar su verdadera identidad misionera, debe abandonar los espacios de confort que intencionalmente ha creado para su población y lanzarlos con eficacia a la atención integral de los hermanos y hermanas pequeños(as), llamados de esa manera por Jesús.

La Iglesia debe ser creativa en descubrir todas las maneras de generar recursos para invertir en estas poblaciones, el abrirse en dar servicio le trae grandes sufrimientos, aflicciones, persecuciones, vivir en crisis financiera siempre y mucho trabajo, pero logrará responder y ser coherente con la inoperatividad del llamado de Jesús.

Además de saborear el crecimiento de sus miembros, el sacerdocio de los y las creyentes encuentran sentido cuando nos salimos del estéril tradicionalismo y nos encaminamos a los más necesitados.

Ninguna Iglesia puede decirse bíblica bajo el control del Espíritu Santo y centrada en Jesús sin tener a los pobres como parte principal de su eclesialidad

¿Usted podría decir que el ejemplo de misión en su Iglesia es el modelo de Jesucristo?

Usted que enseña todo lo que Él enseñaba, ¿camina por las comunidades predicando, enseñando y sirviendo a los más necesitados?

¿Qué dirían los miembros de su comunidad, si un día su Iglesia local deja de existir?¿ La extrañarían por su servicio compasivo o simplemente, no percibirían su ausencia?

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