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La Iglesia un campo de hielo.

Serie textos incómodos.

¿Es acaso su Iglesia, la Iglesia de La esperanza?


Pero la iglesia de La Esperanza, ubicada en el centro de la ciudad, había perdido el rumbo. Había sido fundada hace décadas por un grupo de personas comprometidas con la fe cristiana, pero con el tiempo se había convertido en un lugar frío y sin vida.



Los cultos se habían convertido en un campo de patinaje en hielo, donde las personas se deslizaban de un lado a otro sin saber muy bien qué hacer.

El pastor de la iglesia, había sido elegido por su capacidad para organizar y gestionar, pero no tenía un verdadero llamado al ministerio. Sus sermones eran más bien humanistas y se centraban en temas como la motivación y el éxito en la vida. El programa era más importante que la presencia real del Espíritu Santo en la iglesia.



La adoración era una mera formalidad, sin emoción ni pasión. Los músicos eran buenos, pero no conectaban con los corazones de las personas. Todo estaba calculado y medido, incluso el tiempo.

Si Dios, el Espíritu Santo quería derramarse en el culto debía pedirle permiso al jefe de piso, ( programador) para que éste le diera unos minutos cronometrados, para lo robarle tiempo a la conferencia del Pastor.


La iglesia de San Juan había perdido su propósito y su relevancia en la sociedad. No había transformación en las vidas de las personas que asistían, no había regeneración ni avivamiento.

Pero la historia de la iglesia cristiana está llena de ejemplos de avivamiento, donde el Espíritu Santo transformó vidas y comunidades enteras.


Uno de ellos fue el avivamiento de Jonás en la ciudad de Nínive, donde el pueblo entero se arrepintió de sus pecados y se volvió a Dios.


Otro ejemplo fue el avivamiento de la calle Azusa en Los Ángeles, donde el Espíritu Santo descendió sobre un grupo de personas y dio inicio a un movimiento pentecostal que se extendió por todo el mundo.


La iglesia de La Esperanza necesitaba un avivamiento, una renovación espiritual que la llevara de vuelta a su propósito original.



Debía dejar de lado el programa y concentrarse en la presencia de Dios. Debía permitir que el Espíritu Santo fluyera libremente en sus cultos y adoración, y permitir que su poder transformara vidas. Solo así podría cumplir su misión y ser relevante en su contexto.

Como dice la Biblia en Hechos 1:8, "pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra".

¿Es acaso esta historia un espejo de nuestras Iglesias?

¡Señor danos un avivamiento o moriremos!



Un avivamiento es la manifestación de la presencia de Dios en la Iglesia, que la lleva a cumplir su misión de transformar el mundo. La Iglesia necesita un avivamiento para volver a su primer amor y ser la luz del mundo que Dios la llamó a ser.

Un avivamiento es el fuego que enciende el corazón de los creyentes y los lleva a ser testigos fieles del amor de Dios.


La Iglesia no puede cumplir su misión sin la presencia y el poder del Espíritu Santo, y un avivamiento es la forma en que Dios renueva su presencia en su pueblo.

Un avivamiento es la respuesta de Dios a la oración ferviente y la búsqueda sincera de su pueblo por su presencia y su voluntad.


La Iglesia necesita un avivamiento para recuperar su pasión por la justicia, la misericordia y el amor a los demás.

Un avivamiento es la oportunidad de la Iglesia para arrepentirse de sus errores y buscar la dirección de Dios en su camino hacia la transformación del mundo.


La Iglesia necesita un avivamiento para dejar de lado el legalismo y la religiosidad y abrazar la gracia y el amor de Dios para todos.

Un avivamiento es el llamado de Dios para que su pueblo vuelva a la verdad de su Palabra y a la fidelidad a su voluntad.

La Iglesia necesita un avivamiento para ser la esperanza en un mundo quebrantado, y llevar la luz de Cristo a todas las naciones.


¡Ya basta de aprisionar al Espíritu Santo y a Dios con congelados programas que buscan saciar la tibieza de los asistentes y no incomodar su hora y quince de culto!


Pastor que me lee, en nuestras Iglesias existe una hambre y sed de ver las manifestaciones vivas del Espíritu Santo, y muchas veces usted y yo somos los responsables de que eso no suceda, ¿a quien servimos?


Déjame saber tus comentarios.

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