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La oración se ha desvirtuado.

¿ORAR? SÍ, PERO ENSÉÑANOS, SEÑOR. La oracion sigue siendo un canal poderoso de diálogos entre el ser humano y Dios, pero en el hoy muchas formas de orar han desvirtuado el mensaje y las formas de orar

|Hace unos días, en mi país, Costa Rica se celebró un día nacional de unidad. Como en efecto, se pidió, a evangélicos y católicos, elevar oraciones en sus reuniones, dentro o fuera de sus templos, por todos los efectos negativos que el COVID19 nos han traído. Todo ello, a partir de la propuesta de un partido político que fue aprobada por una mayoría de legisladores.


En principio, ¿el estímulo a la oración debería ser algo que se establezca mediante decretos políticos? Estimo que no. Orar es una responsabilidad de cada seguidor de Jesús. Aunque es bueno que se le dé valor a la importancia de la oración, a esta forma única y poderosa de interceder por los demás, la oración nació y debería mantenerse libre de cualquier control o pretendida imposición de la institucionalidad.


Sin embargo, me sobrecoge un pesar y hasta pena. Con profunda preocupación, observo cómo las oraciones, que se gritan al unísono, lucen faltas de inteligencia y sentido común, carentes de raíces y marcos bíblicos.


¿El resultado? Oraciones mal articuladas, desvinculadas de la Biblia, centradas en la pretendida supremacía del ser humano sobre Dios. ¿Son bíblicas unas oraciones que "dan órdenes" autoritarias al Eterno, o rebajan a éste a tener que obedecer, en fracciones de segundos?


Son oraciones llenas de triunfalismo, decretos que invisibilizan el dolor de quienes sufren, en lugar de solidarizarse con ellos; cosifican al prójimo, y, en la mayoría de los casos, son declaraciones egolátricas que nunca llegan a concretar nada que pueda comprobarse.


Lamentablemente, miles de personas son seducidas por estas dudosas prácticas, las cuales creen, repiten, adoptan e, incluso, defienden. Triste, a la postre, muchos de estos ardorosos adeptos terminan decepcionados, porque lo que esperaban no llegó. Una gran mayoría, pasada la emoción, abandona las iglesias, por no decir la fe.


Prefiero asumir que quienes gestan este tipos de lógicas y prácticas no lo hacen adrede. Es más, pienso que sus motivaciones, en el fondo, son honestas. No obstante, son el resultado de un sistema que casi nunca se detiene a cuestionar lo que dice, cree y enseña, imponiéndolo con sesgos de castigo sino se acata.


Soy un defensor de la disciplina de la oración, y anhelo que en cada casa de mi país exista el hábito de la oración.


Pero mi defensa también es abogar porque se respete, dignifique, enseñe y articulen oraciones con base en la fe; que devuelvan el trono y la autoridad al único que la merece, a Dios; que sean capaces de abrazar la miseria humana desde la esperanza y victoria de la cruz de Jesús.


¡Estamos urgidos de más oraciones enfocadas en la soberanía divina!, de esas que emulan al Maestro y su sentencia radical: “hágase tu voluntad en la tierra, como en el cielo”.


Sí, las oraciones que necesitamos, son aquellas en las que los súbditos seamos los que oramos, y no Dios. Necesitamos que tales súplicas contemplen la muerte, el dolor y el sufrimiento como posibilidades, así como también descansen en la expectativa de los milagros que pueden suceder por gracia y poder de Dios.


Cada día, la petición de los discípulos parece más patente: "Señor, enséñanos a orar" (Luc. 11). El modelo ya fue dado, volvamos a él: ¡El Padre Nuestro sigue vigente!

La exhortación de Jesús sigue resonando: "Y al orar, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos, porque vuestro Padre asabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis" (Mat. 6:7-8).

¿Orar? ¡Sí!, pero como nos enseñó Jesús.


Este blog es creado para compartir y aprende, dejame tus observaciones y compártelo. Gracias.

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