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La oración vaga

Existen cosas por las que debemos orar y otras por las no debemos, pero para muchos el orar ante una necesidad es su mejor manera de cumplir con lo tradicional porque es mas barato y menos arriesgado.

-Auxilio, Ayúdenme, tengo miedo-, grita desesperada Doña Carmen

Sus agónicos gemidos son silenciados por la fuerte lluvia y por el viento que arremeten sin piedad contra su ranchito, a como puede logra hacerse de una taza con un liquido espeso y frío, lo que fue una sopa que alguien días antes le había dejado, el hambre la tiene moribunda, sus temblorosos labios empalidecidos se acercan al frio borde del tazón y con el poco aliento de vida que le queda toma un sorbo que la hace vomitarse, la sopa estaba en mal estado…

Los días habían pasado, abandonada, mojada por las goteras que caen sobre su cama, sin poder moverse, a tenido que hacer algunas de sus necesidades fisiológicas sobre sus sabanas.

-Auxilio, sáquenme de aquí, me estoy muriendo-

De repente alguien le escucha, empuja la vieja puerta de madera, la escena es desgarradora, Doña Carmen esta en completo abandono, este buen Samaritano que inmediatamente llamó a algunos ‘cristianos’ quienes al llegar su mejor respuesta fue “orar por ella”, ¡hacer un exorcismo en el lugar!, hacer las famosas declaraciones y decretos triunfalistas para que mejores tiempos llegaran para la desnutrida ancianita.

Dejando el lugar salieron gozosos por el gran milagro evangelizador que habían proporcionado. ¡Que oración más poderosa! y sobre todo, transformadora…

Doña Carmen, siguió sus días llena de soledad y el ciclo de abandono logró una vez más hacerla pedir ayuda. Esta vez alguien al escucharla, decidió llamar a nuestra iglesia (SHALOM, ¡otros cristianos más!) al llegar dos de nuestros voluntarios, la escena era inhumana, inaceptable, el olor a excremento, vomito, orina y ropa húmeda daban la bienvenida, en cada esquina la sombra del abandono y la desesperanza llenaba la habitación, junto a la mirada de Doña Carmen, casi sin brillo, exclamaba por misericordia, entre sus balbuceos pedía que le dieran de comer. Esta escena, fue la misma que el anterior grupo de ‘seguidores de Jesús’ tuvieron, la cual atendieron con una ‘oración’.

Teníamos la oportunidad de replicar el abordaje anterior, orar, esa sería la salida ¡más barata, más fácil y la más vaga! cumpliríamos con el status quo, que reflejaría preocupación cristiana por los más necesitados y una mampara para decir que somos misericordiosos con los más necesitados.

Pero en obediencia a nuestra esencia como iglesia, como seguidores de Jesús, ¡rechazamos toda propuesta de hacer oraciones vagas! y sacar a doña Carmen de ese rancho, frío, con olor a pestilencia y muerte fue nuestra prioridad, traerla con nosotros, brindarle los servicios básicos de salud física y espiritual, en una de nuestras habitaciones de refugio, diseñadas para este tipo de asistencias.

-¡Benditos sean, Dios y la Virgen me los bendiga!, ¡ustedes son ángeles!-

Eran las palabras que de ella emanaban incansablemente. Voluntarias la bañaron, vistieron con ropa limpia y perfumada, al servirle la comida, sus lágrimas rodaban sobre su avejentado rostro, levantando sus manos tejidas por arrugas, le daba gracias a Dios, porque pensaba que moriría en total abandono y de hambre.

Doña Carmen vivió con nosotros varios meses, donde su salud mejoró sustancialmente, vivió feliz, amada, servida y muchas personas se sumarán en todo cuanto hicimos por ella.

Estoy seguro, que si hubiéramos hecho otra oración vaga, igual a la anterior, Doña Carmen ¡habría muerto! Al final de estos meses de atención, la trasladamos a un hogar de ancianos donde al día de hoy es amada y servida.

Creo, que para muchas iglesias es más fácil, barato y vago hacer oraciones que no conlleven ningún tipo de sacrificio, complicacio