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¡Qué se callen las mujeres en la congregación!


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Las mujeres en el servicio ministerial. Superando barreras y abriendo caminos


El tema del papel de las mujeres en el servicio ministerial dentro de la iglesia ha sido motivo de debate y controversia a lo largo de la historia, con consecuencias profundas para las mujeres en su deseo de servir y contribuir en la comunidad de fe.


En este artículo, exploraremos la relevancia de permitir que las mujeres desarrollen cualquier tipo de servicio ministerial, desde una perspectiva teológica y sociológica. Además, examinaremos una interpretación controvertida del pasaje en el que Pablo pide que las mujeres se callen en la congregación, y haremos un llamado desafiante al liderazgo masculino para pedir perdón, reivindicar los roles de las mujeres en la iglesia y abrir todos los espacios para el desarrollo de su potencial en Dios.


El sufrimiento de las mujeres a causa de la prohibición de servir:

Durante siglos, las mujeres han enfrentado el sufrimiento y la discriminación a causa de la prohibición de servir en roles ministeriales dentro de la iglesia. Esta limitación ha llevado a la exclusión de mujeres talentosas, capacitadas y llamadas por Dios para ejercer su ministerio en todas las áreas de la iglesia. El resultado ha sido la pérdida de su voz, de sus dones y de su capacidad para liderar y enseñar en un contexto eclesiástico. Esto ha generado frustración, desánimo y un sentimiento de desvalorización en muchas mujeres, así como una disminución del potencial y la diversidad de la iglesia.


Casos bíblicos e históricos de mujeres luchando por ser tomadas en cuenta en las estructuras eclesiásticas:

La historia bíblica y cristiana está llena de ejemplos de mujeres que han luchado por ser tomadas en cuenta y reconocidas dentro de las estructuras eclesiásticas. Un caso bíblico destacado es el de Febe, mencionada por el apóstol Pablo en su carta a los romanos. Febe era una diaconisa, una mujer que servía activamente en la iglesia y era altamente respetada por Pablo y por la comunidad de fe. A pesar de su importante rol, es lamentable que la contribución de mujeres como Febe haya sido minimizada o ignorada en muchos contextos eclesiásticos.


En la historia cristiana, encontramos a mujeres como Juliana de Norwich, una mística y teóloga del siglo XIV, quien desafió las normas de su época y dejó escritos de gran profundidad y sabiduría espiritual. A pesar de sus contribuciones significativas, Juliana enfrentó la oposición y la desconfianza de las autoridades eclesiásticas de su tiempo. Su historia es un recordatorio de los obstáculos y dificultades que las mujeres han enfrentado para ser tomadas en cuenta y valoradas en las estructuras eclesiásticas a lo largo de la historia.


En mi peregrinaje viajando en America Latina he tenido el honor de conocer a mujeres, héroes de fe, que sirven al reino de Dios en lugares hostiles, de extrema violencia, lugares donde únicamente una mujer en el justo desempeñó de sus habilidades pueden hacer la diferencia. Cito algunos nombres;


Bella Flor Solis, Barrio Las Tablas, San José C.R.

Jomara Pineda Los basurero Ciudad Guatemala

Jocabed Solano, entre Pueblos Indígenas

Tita Evertsz, La Limonada, Guatemala

Stella Kasirye. Nairobi Africa, Pigmeos

Malena Manzato, Violencia Doméstica, Argentina

Priscila Barredo Pantí, Teologa, Activista, Mexico.

Vivían Mora, mi esposa y compañera de ministerio en Shalom

Para todas ellas mi aplauso por su gran aporte al reino de Dios.


"La belleza del servicio de la mujer en el reino de Dios radica en su capacidad de tejer un tapiz de amor, compasión y sabiduría, adornando así la iglesia con colores vibrantes de esperanza y transformación."


Superando las barreras y abriendo caminos:

Es fundamental reconocer que negar a las mujeres la oportunidad de servir en roles ministeriales es una injusticia y una limitación para la iglesia en su conjunto. Las mujeres tienen, ministerios, dones, talentos, profesiones y llamados específicos que son necesarios para el crecimiento y la vitalidad de la comunidad de fe. Al restringir sus contribuciones, la iglesia se priva de la diversidad de perspectivas y habilidades que las mujeres pueden aportar.


Es importante también desafiar las interpretaciones tradicionales de pasajes bíblicos que han sido utilizados para justificar la prohibición de las mujeres en el servicio ministerial. Por ejemplo, el pasaje en el que Pablo pide que las mujeres se callen en la congregación (1 Corintios 14:34-35) ha sido interpretado de diversas maneras a lo largo de la historia, pero es esencial considerar el contexto cultural y las limitaciones lingüísticas para una interpretación adecuada. No podemos basar decisiones y prácticas actuales en una posible mala traducción o en una interpretación culturalmente limitada.


Es hora de que el liderazgo masculino en la iglesia reconozca y rectifique los errores del pasado, pidiendo perdón por la injusticia y discriminación que las mujeres han enfrentado en el servicio ministerial. Es necesario abrir todos los espacios para que las mujeres puedan desarrollar su potencial en Dios, sin ninguna restricción basada en su género. Esto implica permitir que las mujeres sean ordenadas como pastoras, líderes de adoración, maestras y cualquier otro rol que estén capacitadas y llamadas a desempeñar.


Además, es esencial brindar oportunidades de capacitación y desarrollo ministerial para las mujeres dentro de la iglesia. Esto incluye programas de formación teológica, mentoría y apoyo pastoral para ayudar a las mujeres a crecer en su fe y en sus habilidades ministeriales. Al invertir en el crecimiento y empoderamiento de las mujeres, la iglesia se enriquece y se fortalece como un cuerpo más completo y equilibrado.


Es importante destacar que permitir que las mujeres ejerzan su servicio ministerial no significa desvalorizar o menospreciar el liderazgo masculino. Al contrario, se trata de reconocer la igualdad de todos los creyentes en Cristo y de aprovechar al máximo los dones y talentos que Dios ha dado a cada uno, sin importar su género.


En nuestro caso como Organización, Shalom nunca estaría en el lugar de referencia latinoamericana, sin el aporte vital de cientos de mujeres que han servido y siguen haciendo un trabajo determinante en nuestra vida como iglesia y organización.  Soy un defensor acérrimo de la participación de la mujer en el todo de las jerarquías eclesiásticas como de su desempeño en todas las áreas ministeriales.


En conclusión, las mujeres en el servicio ministerial han enfrentado barreras y limitaciones durante mucho tiempo, pero es hora de superar estas restricciones y abrir caminos para su plena participación en la iglesia. Reconocer el valor y las contribuciones únicas de las mujeres fortalecerá y enriquecerá la comunidad de fe, y permitirá que la iglesia refleje más fielmente el reino de Dios en la tierra. Es un llamado desafiante para el liderazgo masculino, pero es un paso crucial para la justicia y la equidad dentro del cuerpo de Cristo.


No podemos llamarnos la Iglesia de Jesús si en lo más mínimo limitamos a las mujeres a cumplir el rol innato que Dios les confirió como gestoras de vida.


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